Elogio de la estrella opositora: El tío provinciano conservador y moralista

Tiene ese magnetismo especial, ese no-se-qué que atrae a la clase media urbana y a las señoras de bien. Esa pinta del tío provinciano conservador, que viene de algún pueblo rural con su parquedad y su hombría de bien. Esa imagen de los viejos valores, de la rectitud del hombre acomodado del pueblo, de buena familia, de buen pasar, que nunca se ensució, que estudió en la facultá. El filántropo del pueblo que llega a la ciudad cual predicador laico a mostrarnos cómo recuperar “los viejos valores”, a invitarnos a confiarle ya que “este por lo menos no roba”. La redención moralista para el modernismo degenerado.

Trae esa vieja imagen de político conservador al que vota “la gente bien”, ese significante vacío que muchos esperan para reemplazar la estrella lilista caída en desgracia tras el cierre político de la crisis del 2001: el que llega para no hacer nada, para hacer “oposición responsable”, para dialogar y no “molestar”, para cuidar que nadie “se robe mis impuestos”, para transparentar y eficientizar “el gasto” que insume “el estado”.

Tiene esa imagen pulida y cuidada de socialista domesticado, de médico bienechor, rodeado por los personajes adecuados para armar el rompecabezas que encaja perfecto en la fórmula con la señora de plata que se hace la moderna, la de los té canasta organizados con las “damas de beneficiencia”. La de los pecados de juventud que se domesticó al lado del hombre realista y moderado.

Un producto perfecto, sazonado con una estrella comunista light y el grupo de jóvenes que de tanto “portarse mal” se la agarran con cualquiera menos con los poderosos, los de las bromas pesadas que denuncian “por traición a la patria” para sobreactuar su clarinismo cuando le lustran zapatos al alcahuete de turno.

Y claro, no podía faltar el “sindicalista bueno” que no se mezcla con los negros de la CGT sino que trae el proyecto moderno y europeo de la división y el internismo para facilitar la explotación, siempre con palabras difíciles y proyectos universalmente bienpensantes. Acompañado de un asesor estrella, estudioso  e inteligentísimo que se sabe las mil y unas en los libros izquierdizantes pero hace la sensata en la vida real.

Una coalición de partiditos bulliciosos y con poca vida interna, disciplinados pero con baja implantación territorial, capaz de infundir mística en los propios pero no horrorizar a la vecina gorda que lo mira por tv, bien alejados del ciudadano medio para no infundir el terror de la “vuelta de la política” con su consiguientes “peleas” sobre proyectos, rumbos y candidatos que tanto horrorizan al elector “independiente”

Un pequeño pero importante equipo técnico de profesionales abocados a una propuesta gris y conformista, succionados de las corporaciones de técnicos, profesionales y comerciantes capaces de reproducir el “sentido común” económico, político, social y educativo pero bien empaquetado como “lo nuevo”, es decir sin las aristas más agresivas del modelo neoliberal.

Un proyecto de marketing admirable, la campaña más sobria pero más congruente, con ese especial aire a muchachos matones por si vienen los negros feos que aportan los actos minimultitudinarios al estilo de la vieja Unidad Democrática. Esas reminiscencias del pasado conjugadas con las luchas de la indignada gente bien que no quiere que le metan la mano en los bolsillos y es capaz de estallar una sola vez y después volver a casa como si nada.

Un cuadro casi perfecto del “administrador” sensato y timorato con los fondos públicos, bien dibujados y amañados por la gran prensa los déficit en Rosario y la provincia, para proyectar esa imagen sobria del que hace equilibrio en distritos de gran riqueza mientras deja que los “negocios privados” se desarrollen.

Todo el cuadro de la puesta en escena del profesional moderado, gris y burócrata, que conoce los límites y que busca “transparentar” es el gran logro de la oposición. No ganó la interna opositora, pero encontró algo tal vez más importante: la línea discursiva y de propuesta que busca un sector importante de la clase media, media baja y media alta de los grandes centros urbanos: ante la certeza no reconocida de que “el modelo” funciona, el modelo del tío conservador del interior viene a permitirles que “la política” no meta ruido, no moleste, se haga invisible y permita a cada quien seguir con su “milagro individual” de mejor calidad de vida, gracias siempre a “su esfuerzo denodado” para progresar, sin un estado que se le meta en el medio, ni permita que le quiten lo que “es suyo por derecho”.

Tal vez no tenga un gran crecimiento de acá a Octubre, sólo unos puntos son suficientes ante el desastre opositor, pero Tinner llegó a la política nacional a transmitir un nuevo modelo opositor, a reemplazar a los viejos aparatos desprestigiados del radicalismo residual y los disidentes del peronismo, un rumbo claro y decidido, un discurso moderado y con “sendtido común”, una actitud acuerdista, una estructura chica y afianzada pero socialmente invisible, con la solvencia de los “equipos técnicos” de burócratas que plantean en difícil los conceptos hegemónicos bienpensantes en política, economía, sociedad. La legitimidad segmentada de un grupo social enajenado del país pero siempre deseoso de imponer sus difusos “valores” al resto de la sociedad.

Un rumbo, una convicción, un equipo, un leit motiv, un sujeto social y una idea fuerza: el tío provinciano y conservador que viene a darle a una urbanidad descontrolada su baño de moralismo y buenas costumbres. El predicador laico que viene a corregir la degeneración. El De La Ruina del crecimiento con desarrollo. Gran acierto, gran proyección para la nueva etapa que inagura el país en el 2012. En su ocaso biológico, el patriarca del socialismo conservador tiene aún bastante que decir…

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