A la conquista del peronismo individualista

Los 10 millones de votos de Cristina clausuran el debate de quién representa el proyecto histórico del peronismo, pero la notable diferencia con las elecciones distritales en la pampa húmeda abre algunos interrogantes acerca de la capacidad de los referentes kirchneristas para adaptarse al giro que CFK viene dando en su liderazgo: más fuerte pero también amplio y difuso, político y gestionador pero a la vez más cercano al ciudadano medio y la “familia reunida frente al televisor”.

La unidad del peronismo trajo distintos resultados en la CABA, Santa Fe y Córdoba. La unidad es de por sí un logro tras la fractura del 2008 y previo al plebiscito del 14 de Agosto, pero abre interrogantes sobre la capacidad de algunos sectores kirchneristas para conducir la renovación del peronismo en términos de opción mayoritaria, canalizando la amplia aprobación social que tiene nuestra líder hoy en la sociedad. El lugar de gestión es la diferencia central entre CABA-Santa Fe vs Córdoba, pero hay por detrás un electorado de reminiscencia peronista asentado en los segmentos urbanos excluidos y en el interior rural, que tiene un formato con algunas similitudes que permiten trazar una línea Macri-Reutemann-Del Sel-De La Sota-Schiaretti. Un electorado que las opciones locales del kirchnerismo no han logrado interpelar, a pesar del voto cruzado y la mayor permeabilidad que se abre ahora de cara a Octubre.

Conducido por el kirchnerismo tanto en la bota como en la capital, si bien reconstruyó un núcleo duro de fuerza propia electoral nada desdeñable, no logró evitar el drenaje hacia el pro de una parte importante de su base social, aceitada por la dirigencia de la disidencia del peronismo. En ambos casos el FPV es opositor, y a pesar de los apoyos del gobierno nacional, no logró enamorar a algún sector importante que le viera pasta para mejorar sus condiciones actuales de vida.

Por el contrario en la docta, el líder histórico del peronismo cordobés armó un amplio frente bajo su conducción que a pesar de una gobernación bastante floja y apuntalado por la gestión nacional, logró encolumnar a regañadientes al kirchnerismo local y reunir un amplio abanico de sectores para mantenerse como primera minoría haciendose fuerte en la ambigüedad respecto al gobierno nacional y la división de la oposición gorila.

Distritos con una fuerte presencia urbana, de grandes ciudades pujantes y ampliamente beneficiadas por el modelo de desarrollo vigente que sin embargo presentan brutales cordones de pobreza arrastrados en gran medida de la época de la exclusión, pero también que como resultado de su propio éxito continúan recibiendo -aunque disminuidas- migraciones internas en busca de un futuro mejor. Y a la vez un entramado de poblaciones medias y pequeñas con una fuerte tradición emprendedora y cuentapropista que aunada a la riqueza natural y la presencia industrial agrícola-ganadera configuran un sujeto social particular.

A nuestro juicio, el punto de contacto entre estos cordones de pobreza engordados por migraciones recientes y el entramado productivo agrícola de la pampa húmeda tiene un vaso comunicante que el núcleo duro kirchnerista no logra abordar: la tradición más genuina del “emprendedurismo” argentino, el “self-made man”, el tipo inconformista con su situación económica que pone permanentemente su empeño personal en el progreso individual y familiar, sea mediante el trabajo pero también el chantaje, la explotación, los rebusques, el comercio medio en negro, el rebusque económico, etc. Un tipo que se ve a sí mismo como un sobreviviente, como un luchador, que centra su mirada del mundo en sí mismo descartando las condiciones sociales y económicas, que ve al estado como una molestia “recaudadora”, que descree de ellas viéndose como el artífice de su propio destino y se compara con el similar que no progresa por vago o inútil. El vivo que aprovecha cada oportunidad por derecha o izquierda, el “mejor de la clase” gracias a los machetes y adulaciones a la seño, el que genera ese consenso social de “y si todos son iguales” al momento de la chantada, pero se compara permanentemente en afán de sentirse superior al de al lado por sus cualidades, se adula por sus “éxitos” y busca esos valores de fuerza, éxito, ejecutividad, desideologización, pragmatismo, simplitud en sus referentes. Este tipo social está tanto en el migrante a los cordones de pobreza en busca de oportunidades como en las poblaciones rurales en auge económico, y conforman un patrón de clase media individualista que presenta una contradicción entre su capacidad de progreso individual incapaz de valorar las condiciones económicas que lo hacen posible, y su poco apego en la participación de la “cosa pública” por estar en permanente dedicación a mejorar su calidad de vida. Sólo participan socialmente si pueden sacar un rédito personal en sindicatos, sociedades de fomento, clubes, comisiones comunales, cooperadoras. Son tipos que generan a su modo liderazgo en su círculo social, imantados de valores neoliberales pero a su vez partícipes del desarrollo económico productivo (como patrones, capataces, laburantes, comerciantes, cuentapropistas) y que ponderan más lo económico que el sistema de valores. Alejados del progresismo testimonial y del radicalismo moralista, imantados por el éxito y sensibles a la mejora en su condición material de vida, seguidores de los “humores sociales” establecidos por el poder, suelen ser catalogados de conservadores y derechosos.

Esta “clientela” de la que se nutre la disidencia peronista y del PRO, tiene condiciones objetivas para volver al redil del peronismo si sabemos interpelarlos tras la victoria. Probablemente tras las PASO se vuelquen en mayor medida al kirchnerismo como ya lo hicieron en el 2007, pero queda latente la necesidad de interpelarlos desde las dirigencias locales.

El despreciado voto derechoso, anclado en las transformaciones económicas que generan nuevas oportunidades y mejores condiciones de vida, es el lugar ideal para desde el éxito volver a interpelarlos para reconjugar dos valores fundantes del peronismo que el menemismo escindió amparado en el ideario neoliberal: laboriosidad y productividad como valores de progreso individuales son incapaces de lograr el éxito en un país cuyo modelo de desarrollo condena la industrialización y la ciencia en beneficio de la especulación. El apotegma peronista de que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza es la gran conclusión tras el fracaso noventista, pero sólo es posible reinstaurarlo con fuerza desde el éxito del modelo, y no a través del valor moralista y principista desde el que la aborda el “progresismo” urbano frentegrandista en el que abrevan algunos dirigentes kirchneristas.

Urribarri, Scioli, Capitanich son algunos dirigentes que testimonian que es posible un kirchnerismo con juego propio, conteniendo al amplio abanico peronista, renovando pero no excluyendo, contactando con una bases social arisca pero maleable, liderando pero integrados al Proyecto Nacional.

La paradoja de que los casos de carne y hueso demuestran el éxito de nuestro modelo (y que objetivamente son base social del proyecto), sean enconados opositores al mismo plantea un gran desafío. El éxito es la clave, el neoliberalismo los formateó y desde ese lugar debemos abordarlos. El rechazo a la política, la glorificación del federalismo trasvestido como autonomía, y el valor central de la “producción” en la construcción de imagen de los dirigentes del peronismo pampeano no es una construcción caprichosa sino que responde a un sujeto social del que son emergentes. Son elementos que debemos incorporar y moldear de acuerdo al modelo nacional y popular, pero no rechazar desde el vamos como venimos haciendo, porque como decía el General -y es otro gran apotegma-: con barro y bosta se hacen ladrillos.

Cabezas de ladrillo que ven a todos gronchos: a por ustedes vamos con una jefa relanzada y un peronismo cada vez más amplio…

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