Santa Fe: consolidación política y derrota electoral

 

Los resultados provinciales de la elección santafesina tal vez inauguren un nuevo escenario provincial dominado por tres espacios políticos porosos y con límites difusos, que deberán competir y a la vez cooperar para mantener la gobernabilidad provincial.

La derrota estrepitosa del FPV santafesino sin embargo viene acompañada de crecimiento y consolidación política que deberá afianzarse con la conducción del peronismo local y la potenciación de nuevos liderazgos.

– La fragilidad del FPV santafesino en la derrota: el escenario donde el Chivo felicitó a sus adversarios por el triunfo habla bastante de la falta de convicción del comando superior en su candidatura, pero principalmente de la falta de dirigentes santafesinos de primera línea en su armado político: sólo el Tigre Cavallero y el presidente del PJ rosarino, tal vez el Movimiento Evita. Todos el resto: dirigentes de tercera línea y el fervor de la militancia, pero sin peso propio que les permita espaldas anchas para bancar la derrota: todos dependen de la proyección del Chivo para crecer.

– La inmensidad de Rossi ante el mal trago, haciéndose cargo de la responsabilidad que le toca sin desmerecer a los adversarios, y sobre todo sin echar afuera culpas que corresponden a errores esencialmente santafesinos. Saludablemente diferente de la intrascendencia filmusística capital.

– La reaparición en la coyuntura electoral de dos graves errores que el kirchnerismo ya cometió durante el conflicto agropecuario y que lo envuelven en un juego de pinzas: no valorar la importancia del trabajo territorial, la organización sindical y el ordenamiento partidario anclando la referencia de políticas nacionales en dirigentes locales con algún nivel de autonomía, y la necesidad de contar con medios de comunicación propios capaces de trascender masivamente más allá del 678ochismo para convencidos (ni la tv pública se sintoniza correctamente en la provincia).

– La posibilidad cierta que ante la división de su espacio político entre el FPV-PJ y el PRO, sea el retiro oficial del Lole como actor central en la política santafesina.

– Las luces rojas que aparecen en el horizonte socialista, dividido internamente, con algunas bajas en su performance electoral, y limitada su proyección nacional por un candidato como Binner al borde de su límite biológico para encarnar nuevamente una opción presidencial en el 2015.

– El gorilismo apenas disimulado de algunos bienpensantes del kirchnerismo y -obviamente- del periodismo en su inmensa mayoría: la desvalorización y el desprecio por la figura de Miguel del Sel y sus votantes rayaron el pedido de voto calificado, aún cuando no sólo desde los más humildes provienen sus votantes. El virus Paez se expande peligrosamente y hace escuela en algunos compañeros más afectos a la costumbre opositora del “no se puede” que a mirar críticamente la estrategia política propia.

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