Las voces de los invisibles

Néstor fue un setentista hasta el final, una impronta que era a la vez su identidad y su karma en la sociedad posneoliberal.
Vivió su presidencia en ese vértigo y ese arrojo tan propio de su generación. En pocos años consumió su vida transfundiéndole su sangre a un país exhausto, que peleaba más por reflejo que por verdadera esperanza.
Pero con su muerte nos dejó su último legado, un escenario político nuevo, la consolidación de una mayoría política ahora visible y motivada para asumir el protagonismo.
Bien setentista, se inmoló por su proyecto, hizo la gambeta final a los defensores del genocidio y las corporaciones, desparramó al arquero del monopolio, la última resistencia feroz que debió enfrentar, y le tiró el centro servido a su compañera que entraba sola al comando de un nuevo país y que sólo la tiene que empujar.
Pero ojo que empujarla no es tan sencillo en una cancha en pésimo estado y totalmente embarrada, aunque la localía tiene su valor.
Sin embargo el flaco consumó su obra maestra en el último instante, dejándonos otra vez sorprendidos con otra jugada política bien de cuño propio.
Nos dejó una juventud apasionada y rebelde que despierta a un nuevo país, como la de él y ella que era su patria en el tiempo. Con otras formas y otros contenidos, hizo renacer la pasión por el destino colectivo en pibes crecidos en el peor entorno cultural: el del individualismo y la derrota de los sueños.
Pero su obra maestra se agigantó cuando logró finalmente con su inmolación lo que ni la ley de medios logró: todos los millones que creían en su proyecto pusieron en palabras en todos los canales y las radios lo que significaba el nuevo país que nos dejó.
Los monopolios no pudieron evitarlo, se les escurrió de las manos como el agua embravecida. Ante la pulsión del dolor todos quisieron estar ahí y decirle sus palabras. No los pudieron tapar y florecieron las miles de voces, las verdades tapadas y silenciadas, la millones de razones despreciadas y ocultadas tras los flashes, las operaciones de prensa y los flashes del periodismo cómplice del despojo.
Néstor se corrió de la centralidad que fue su sello político para que nos hagamos grandes. Y entonces el monopolio de la información estalló en mil pedazos cuando finalmente aparecieron las voces de los invisibles. Una a una en cada espacio de cada cobertura, con sus pequeñas verdades y sus inmensos sueños, irresistibles.
Luchando sin atajos los invisibles,
agitan rocanroles irresistibles.
Piden que sis críos se salven,
y no piden más.
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