Mal de muchos

Millones de personas siguieron en vivo una nueva manipulación del kirchnerismo para hacer quedar como mentirosos y tergiversadores a los diarios opositores, donde a pesar de la alta rigurosidad investigativa del pasquín de fontevechia, los 33 mineros explotados y abandonados lograron salir con vida de la tumba gracias a un inaudito aporte estatal chileno.

Pero como los infernales tenemos el cuero curtido y no creemos en la propaganda de las empresas periodísticas, no nos asombra la terrible pifia de perfil anunciando la muerte de los 33. Tal vez sea la costumbre que nos hace perder la capacidad de asombro, no?

Lo que si nos llama la atención, es ver en vivo cómo la utilización de la tragedia y la insensibilidad no es patrimonio de la gran prensa argentina solamente. Fue realmente sorprendente ver cómo a partir del rescate exitoso del primer minero, los miles de equipos periodísticos destacados en la mina iban apagando las cámaras y levantaban campamento sin esperar el final, a medida que se confirmaba que la tragedia no se iba a hacer presente.

Miles de horas transmitiendo vida y obra de los sepultados y sus familias, las peripecias del rescate, las posibilidades de la operación, para terminar transparentando en vivo y en directo que las buenas noticias no son negocio, y que la preocupación vertida al aire en tantas salidas compungidas era sólo una actuación, una puesta en escena. Lo verdaderamente importante era estar al momento de la tragedia, del dolor, maximizar la utilización del infortunio.

¿Parece que van a salir todos bien? Peguen la vuelta, con las imágenes del primero alcanza, dejemos de gastar…

La falta de compromiso con los protagonistas incluso de quienes se ufanan de “periodistas” parece que no es un patrimonio nuestro. Pero comprobarlo de manera tan brutal es un poco fuerte.  Ver de manera tan descarnada como la noticia no es más que un negocio efímera resulta algo chocante.

Lo que nos preguntamos es cómo se bancan los periodistas apagar las cámaras, cortar la transmisión en el mejor momento de la tragedia. Cómo es posible deslucir tanto una profesión, borrar el compromiso con las familias angustiadas, olvidar la ética de la profesión, convertirse en cómplices de la mercantilización de la tragedia.

Evidentemente las empresas contagian sus lógicas a los “profesionales independientes”, y la deshumanización campea por todos los parajes por igual, no sólo en la Argentina.

Mal de muchos, consuelo de tontos dicen…

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